El duelo genético, el sentimiento de pérdida cuando se recurre a la reproducción asistida

Las parejas que recurren a la donación de óvulos o esperma para concebir un hijo pueden tener sentimientos encontrados. Junto a la emoción de ser padres, pueden aparecer sentimientos de fracaso, tristeza, dolor o ansiedad. Es lo que se denomina el duelo genético, un proceso del que pocos hablan.

En el momento en que una pareja o una mujer sola recurre a la inseminación artificial o a la fecundación in vitro estamos en la mayoría de casos en la decisión final de un proceso difícil en que se ha tenido que asumir que algo impide lograr un embarazo de forma natural. El recurrir a una donante de óvulos o al esperma de otro hombre o incluso a un embrión hacen surgir preguntas lógicas: ¿seré un padre o madre como los demás? ¿A quién se parecerá mi hijo? ¿Me querrá igual cuando lo sepa?

QUÉ ES EL DUELO GENÉTICO

Son situaciones en las que se combinan sentimientos contradictorios, de emoción, esperanza y a la vez de pérdida y fracaso. Un proceso complejo que hasta ahora se había estudiado y visibilizado poco. Este proceso por el que atraviesan uno de los padres o ambos cuando recurren a la donación en un centro de reproducción asistida se llama duelo genético. Además de cuestionarse su maternidad o paternidad pueden aparecer en mayor o menor grado momentos de tristeza, dolor o ansiedad. Estos sentimientos pueden llegar incluso a depresión y requerir la atención de un profesional de la salud mental. “El duelo genético aparece, sobre todo, porque el paciente a veces lo vive como una pérdida en su capacidad reproductiva o como un fracaso y con miedo a lo desconocido”, apunta la ginecóloga Isabel Vielsa, directora médica de Clínicas Eva.

CÓMO AFECTA LA INFERTILIDAD AL HOMBRE

Este proceso de duelo suele ser más significativo en el caso de los hombres. Ellos pueden sentir con mayor certidumbre que no han participado en ninguna fase del proceso del embarazo. “Aunque la mujer recurra a óvulos de donante, es la que lleva en su interior el bebé, sin distinciones en cuanto a la procedencia del material genético”, explica la doctora Vielsa. De ahí que cuando se recurre a donantes, es importante que los futuros padres que van al centro de reproducción estén bien informados y asistidos “no solo de los tratamientos y pasos, sino también de las consecuencias psicológicas que puede acarrear seguir adelante”, recalca la ginecóloga.

CÓMO GESTIONAR LAS EMOCIONES DE LA INFERTILIDAD

Como sucede con cualquier otro proceso de duelo, sea de la naturaleza que sea, la persona transita por una serie de fases, bien conocidas, que van desde el rechazo de la realidad, al enfado, la tristeza y finalmente la aceptación. Para la futura madre, el proceso puede ser más sencillo. El convertirse en una gestante va a crear un vínculo emocional a lo largo del embarazo que acelere este duelo genético. Este proceso de duelo tampoco tiene por qué ser problemático, sino meramente natural. “Se requiere dolor emocional para llorar lo perdido (ser madre a través de tu genética) y aceptar la nueva situación (ser madre con el óvulo de otra mujer)”, explica la psicóloga Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen.

CÓMO SE PUEDE AYUDAR EN ESTE DUELO GENÉTICO

En todo caso, la capacidad de pasar mejor o peor este proceso de duelo va a depender también de valores de cada uno: del concepto de masculinidad o femineidad que se tenga, o del concepto de familia que se le haya inculcado a la persona y de lo que pese la importancia de la herencia genética. La necesidad de transmitir nuestra herencia genética no es un sentimiento compulsivo inevitable. De hecho, hay muchas personas que no lo tienen, que no han tenido la necesidad de tener hijos o que han sido igualmente felices como padres adoptivos. Hay muchas maneras de dejar huella de nuestro paso. Ser padres no es solo genética. El amor, la educación, transmitir unos valores, tiene tanta o más importancia. Además, los genes pueden modificarse sin que cambie el ADN. Hay otros factores que influyen en esos genes: el clima, los hábitos de vida, la educación. Esta transformación genética externa se llama epigenética. Explicarles a los padres su importancia puede ayudarles a relativizar el peso de la herencia genética.

La idea de que un hijo no vaya a contar con el material genético de uno o ambos progenitores puede generar tristeza, miedo, frustración, dolor, incertidumbre, algo que conocemos como duelo genético. Se plantean dudas sobre su vinculación con el niño/a, experimentan frustración porque piensan que el futuro bebé no compartirá rasgos físicos, o miedos sobre cómo afrontar las posibles futuras preguntas del niño/a sobre su origen, llevándoles a incluso decirnos “me arrepiento de la ovodonación“. Estas dudas y miedos, entre otros, conocidos como “duelo genético” , son una sensación o reacción emocional de pérdida totalmente normal cuando la recepción de gametos se plantea como la única opción para ser padres biológicos. En el pasado se consideraba que la identidad genética venía definida por los genes que heredamos, sin embargo, hoy conocemos que existen mecanismos que alteran la expresión genética sin alterar la secuencia del ADN, esto es, lo que se conoce como “epigenética”.

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