Piel de gallina, temblor, palidez, dolor: cómo reacciona tu cuerpo ante el frío

Temblores, piel de gallina, palidez… Las reacciones de tu cuerpo ante el frío tienen una explicación: intentar mantener la temperatura del cuerpo estable para evitar que entre en hipotermia.

Repartidos por toda la dermis hay termorreceptores que detectan el descenso de la temperatura. Cuando es inferior a 10º C se activan y envían un mensaje al cerebro a través de los nervios para advertir que hace frío.

Esta información es recibida por el hipotálamo, el centro regulador de la temperatura corporal del cerebro. Se trata de una especie de control central que también se encarga de regular otras funciones del organismo como el hambre o la sed. Al recibir ese mensaje, experimentas sensación de frío, que es una alarma para que busques cobijo, te abrigues, te acerques a puntos de calor…

Pero, al mismo tiempo, el hipotálamo inicia una batalla interna para mantener la temperatura corporal estable mediante la liberación de determinadas hormonas y activando el sistema nervioso. Todo ello provoca los típicos síntomas del frío que tú percibes claramente.

¿POR QUÉ TIRITAMOS CUANDO HACE FRÍO?

Casi por instinto, cuando hace frío te mueves (frotas tus manos, mueves las piernas y los brazos… ) porque al moverte generas calor.

Con el mismo objetivo, el hipotálamo da orden a los músculos de contraerse rápidamente. Por esa razón cuando tienes frío te encoges y sientes entumecimiento.

Si el frío es intenso, las contracciones de los músculos se hacen intermitentes y se producen espasmos musculares que –con una eficacia pasmosa– transforman energía en calor y permiten mantener la temperatura corporal. Por ello tiritas, tus dientes castañean…

¿POR QUÉ NOTAS HORMIGUEO Y LA PIEL ESTÁ PÁLIDA?

Cuando hace frío tu cerebro intenta no perder la temperatura corporal y para lograrlo activa diversos mecanismos.

Uno de los más efectivos consiste en redirigir la sangre para evitar al máximo que pase por zonas cercanas a la piel, que está en contacto directo con el frío exterior.

Para lograrlo, los vasos sanguíneos más externos se contraen y esa es la razón por la que la circulación a los dedos disminuye, y también el motivo por el que puedes percibir hormigueo.

“La palidez que se produce en la piel cuando hace frío también resulta de la reducción del flujo de sangre por el conjunto de vasos sanguíneos de la piel”, explica a Saber Vivir el Dr. Joan Ramón Barbany, profesor de Fisiología de la Universidad de Barcelona.​

¿POR QUÉ SE PONE LA «PIEL DE GALLINA» Y PARA QUÉ SIRVE?

Aislar la piel es otra forma estupenda de evitar que el calor del cuerpo se escape en contacto con el frío del ambiente y en este punto el pelo entra en acción.

Cuando hace frío unas diminutas fibras musculares localizadas en el folículo del pelo también se contraen. Como consecuencia, el pelo se eriza y, al hacerlo, bajo él se crea una capa de aire que aísla la piel térmicamente y evita que se escape el calor.

El problema en los humanos (los animales son más eficaces en esto) es que se ha perdido la mayor parte del pelo que recubre la piel. Por ello, en muchos lugares solo se percibe la erección del folículo velloso, lo que se visualiza como la conocida “piel de gallina”.

¿POR QUÉ DUELE LA CARA, LAS OREJAS O LAS MANOS CUANDO HACE FRÍO?

Cuando el termómetro baja mucho y el organismo lo detecta, se activan los receptores del dolor.

El objetivo es avisar de una forma más intensa a la persona, es la última llamada para que busque maneras de entrar en calor antes de que se produzca la hipotermia.

Eso explica por qué a veces sientes dolor en la cara, las orejas o las manos cuando no las estás protegiendo adecuadamente.

¿EL CUERPO SE ACOSTUMBRA AL FRÍO?

Además de las reacciones inmediatas al frío, existe una adaptación a largo plazo (lo que en fisiología se denomina “aclimatación”) que permite que las personas expuestas al frío de forma habitual estén más “preparadas” para soportar las bajas temperaturas.

El organismo puede adaptarse incrementando el metabolismo basal. Y eso significa que se segregan determinadas hormonas que le indican a las células que deben quemar más para generar más calor.

También como respuesta a una adaptación a largo plazo, se puede incrementar el grosor de la capa de grasa subcutánea (que hace de protector térmico).

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